Hoy siempre te recuerdo

Les sucede a veces, que llegan a tener una mascota que les toca el alma para toda la vida. Que aunque ya no estén con ustedes, siempre los recuerdan y se ríen de las locuras que hacían?

Hoy amanecí recordando esa mascota especial. Se llamaba Waldo pero tenía un sinfín de apodos: chiviricoqui, bebé perrito, waldito papa, poupée… y un monton más que para qué seguir. Y es que un día como hoy, 17 de octubre pero de 1993, llegó al hogar. Recuerdo como si fuera ayer. Tenía 7 años en ese momento y me encontraba en el portal de mi casa jugando cpn mi hermana y unas vecinas, cuando derepente llega mi papá y saca del carro una pequeña bola chocolate de pelos. Era tan pequeño que se escondió debajo del asiento. ¡Qué alegría verlo! Saqué a mis vecinas de la casa y comence a jugar con él.

Recuerdo que estaba tan pequeño y caminaba desorientado, lento, con cautela… conociendo cada rincón de la casa. Recorrió cada esquina, cada cuarto, cada pasillo. Si mal no recuerdo, busqué una cesta de ropa y lo puse ahí pero se salió… él quería caminar, olfatear, conocernos.

Ese día salimos y él se quedó en casa. Mientras echábamos gasolina al carro íbamos pensando en qué nombre ponerle. Yo de niña ingenua le quería llamar peluchin, y fue mamá quien dijo “y si lo llamamos Waldo”… y así quedó “Waldo Peluchin”.

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Esta mascota nos hizo vivir momentos de alegrías irrepetibles, se hizo tan conocido entre los vecinos, amistades y familiares. Me duró toda la primaria, secundaria e inicio de universidad. Fue mi mascota toda mi niñez y adolescencia… estuvo toda mi vida a mi lado. Quizás por eso se le recuerde tanto.

Pero un día como es de esperarse, y aun así no esperas que pase, se fue poniendo viejito y enfermó. Mi pequeño de 4 patas se despidió de nosotros el 23 de diciembre de 2003. Aquella Navidad fue triste y se sentí a su ausencia. Cómo no sentirla, si todos los días me despertaba a su manera y después dejó de ser así. Incluso mi tía desde Canadá le había comprado para esa Navidad un regalo, unas orejas de reno para perro… pero nunca se les pudo poner.

Pero así es la vida cuando se tiene mascotas. Momentos de alegría, momentos de enojo, momentos de travesura, momentos de corredera para el veterinario… pero así son nuestras mascotas. Vienen por un tiempo definido a llenar nuestras vidas de bellos recuerdos y después se van y otros vienen.

Cada persona con mascota tiene su historia. Yo tengo la mía.

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