Soltar amarras

Al final de la película “¿Conoces a Joe Black?” William Parrish, interpretado por el excelentísimo actor Anthony Hopkins le dice a Joe Black (el parca le digo yo) interpretado por Brad Pitt: “¿Duele soltar amarras, cierto? Así es la vida, qué te puedo decir.”

En ese caso él lo aplica a que está punto de fallecer y desde lo lejos observa su fiesta de cumpleaños, observa sus amistades, sus hijas adoradas, su vida terminar… “65 años, es sólo un suspiro” dijo Parrish en su discurso de cumpleaños. Por otro lado Joe Black, que terminó enamorado de quien no debía, pero que de alguna manera lo hizo más sensible, le tocó por amor, dejar a la chica que tanto amaba. Lógicamente no podía llevársela, eso involucraba matarla igualmente. Pero le prometió que volvería a ver al chico de la cafetería.

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Pero ahora yo tomo esa frase de la película para un detalle en particular. Mi adorada madrecita, después de 38 años de laborar en la institución donde siempre ha estado, ha decidido acogerse a un programa de retiro voluntario. Eso conlleva presentar tu renuncia, pero se te reconocerá los años que llevas laborando ya como jubilada y se le otorgará un buen reconocimiento monetario bastante merecedor.

Pero no deja de doler esa “película de recuerdos” que de repente le debe de estar pasando por su mente. Cómo llegó a ese lugar, todas las peripecias que con los años ha enfrentado como gajes del oficio, todo lo aprendido, todo lo ejecutado, todas las amistades. Gracias a Dios tan misericordioso no tuvo que pasar problemas durante su vida buscando otro trabajo porque haya tenido que salirse de este. No… toda su vida ha estado ahí. Ha sido su segunda casa, gracias a ese lugar ha podido sostener mis estudios y el de mi hermana, ha podido darse gustos de ropa, de arreglos en el hogar. Ha conocido personas maravillosas, hermanos de otra madre como se le suelen decir a los grandes amigos. Su crecimiento en ese lugar ha sido magnífico y llegó a ser reconocido por el propio Ministro.

Mi hermana y yo le hacemos broma, le decimos que deberían poner un busto en la entrada de esa institución. Mi madre es grandiosa, no sólo porque es mi madre, sino porque realmente lo es.

Pero llega el momento en que hay que retirarse. Y qué mejor manera que hacerlo por la puerta grande, con la gran satisfacción del deber cumplido. De haber sido una colaboradora intachable, honesta, recta y muy inteligente. Espero esa institución se dé cuenta lo que está perdiendo. Sé que sus compañeros así lo sentirán.

Pero ahora inicia una nueva etapa. Sé que es triste para ella, es un cambio radical. Pero mi hermana y yo le decimos que debe descansar… pero descansar de la rutina de madrugar, de pasar problemas con el tráfico pesado para llegar a marcar la entrada a un lugar. Ahora podrá darse el lujo de escribir (que tanto le gusta), de volver al profesorado, de hacer algo que le guste, que le mantenga la mente ocupada, activa, pero que no la haga sentirse agotada. Porque eso tampoco es de Dios. Mi madre adorada necesita disfrutar.

Ha sido una decisión difícil para alguien tan activa como ella. Pero a la vez, una decisión muy valiente.

Llegó la hora de soltar amarras, porque la vida es así. Qué les puedo decir.

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