Me encontré…

… y me volví a perder.

Todo sucedió como por arte de magia. Llevaba años buscando salir de mi país, porque nunca me ha gustado realmente.. o quizás nunca me he hallado. Cansada de lo mismo y con alma aventurera, necesitaba salir a explorar otros mundos; a conocer y a salir de mi zona de confort… al menos por un tiempo.

Por muchos años busqué la manera de cómo hacerlo. No se me ocurrió otra que recurrir a los estudios en el extranjero… una maestría quizás. Algo que me representara un tiempo algo “largo”; al menos más de 6 meses.. para estar lejos. Al final fueron 3 años.

Después de tantos intentos fallidos, llegó el día… el año en que, de manera extraña (o milagrosa), todo comenzó a darse como viento en popa. No sé si sería una señal, si era el momento elegido para mi, o como se le quiera llamar. Lo cierto es que las cosas se dieron, y me entró miedo. Un miedo de ansiedad, porque no podía creer que algo tan bueno me estuviera sucediendo a mi. No era creíble… cómo era posible. Y aunque se estuviera dando, no lo creía posible hasta que fuese real.

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Mientras mi familia estaba triste porque me iría lejos, yo por el contrario, y a pesar que los extrañaría, me sentía feliz.. como nunca antes me había sentido en mi vida. Despidiéndome en el aeropuerto, di media vuelta y, aun con incertidumbre grande, me fui llena de sueños, de felicidad.. de añoranzas.

La primera noche lejos de casa me entró la nostalgia. Nostalgia aquella que, aun así, no me hizo arrepentirme de mi aventura intrépida. Secándome las lágrimas, fue la última vez que lloré por buen tiempo.

Pasaron los días, los meses… y cada vez fui descubriendo nuevas cosas, conocí nuevos lugares, nuevas culturas, nuevas personas, nuevas experiencias. Y algo más maravilloso descubrí: me encontré. Descubrí que era capaz de hacer cosas que jamás imaginaría, que era una persona fuerte que podía valerse por si misma. Descubrí que podía sentirme feliz con mi día a día. Descubrí que no necesitaba más.

Fue en ese momento que por primera vez en mi vida, y recordando atrás.. siempre me decía.. cuándo llegará el día en que diré “no necesito nada más”… y ese momento llegó.. allí, en ese instante. Por primera vez en mi vida, y sin necesidad de muchas cosas conmigo, me dije “Gracias Señor, porque no necesito más y por primera vez me digo, soy feliz”.

Sentía miedo de regresar. Sentía miedo de volver a sentir como me sentía. Sentía miedo de volver a sentir depresión, letargo, rutina, poca ilusión. A dedicarme a algo que me quita la sonrisa diariamente.

Pero ese día llegó. Volví. Me convertí en esa pieza con forma extraña que no termina de encajar en el rompecabezas. Sigo siendo la misma, pero no soy la de antes… si es que se entiende.

Y vi a mi familia. Que felicidad, volver a ver a mi familia y estar a su lado. Pero que tristeza volver a estar donde no me hallaba. Amo mi familia y es lo que me mantiene aquí, realmente. De repente me di cuenta que estoy dividida en 2. En una especie de limbo, se podría decir. Donde allá me encuentro y soy feliz, pero no está mi familia. O acá, junto a mi familia, mis seres queridos… pero no estoy yo. La vida es así.

Nuevamente me he perdido. Y aunque desde que regresé, he pasado momentos muy alegres con mi familia, aveces agota intentar disimular que te sientes completa.. que te siempre completamente “feliz”… que “ya no pides más”.

Donde me encuentro?

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