Una fría noche…

Era de noche… una fría noche. Y ahí estaba ella sin platicar mucho, pues no sabía qué ni con quien. Sentada en el comedor de la gran cocina, se ha servido un pequeño plato de cereal con leche; y aunque tranquila se encuentra mirando el televisor mientras se come aquel cereal, escucha a muchas personas conversando, riendo, haciendo bromas entre ellos, contando anécdotas del día a día. Ella no… lleva pocos días ahí, y sólo se queda observando, analizando su entorno. Se siente tranquila, relajada, y en cierto modo feliz.

De pronto, un grupo de “vecinos” desconocidos aparecen en la gran cocina. Muertos de la risa por quien sabe qué. El ruido de las risas le hace voltear la mirada hacia la puerta, pues era tan evidente las risas altas que desconcentró su momento tranquilo, solitario… y ahí estaba él.

Las miradas se cruzaron por breves segundos; segundos que parecieron eternos. Doble giro de la cabeza como diciendo “¿tú quien eres?”. Una pequeña sonrisa lejana de hola, mucho gusto. Una sonrisa de vuelta. Sin embargo, por la pequeña distancia entre la puerta y el comedor, no hubo intercambio de palabras. Sólo aquella mirada, y la sonrisa cordial. No conoce su nombre.

Ella ha volteado a mirar nuevamente el televisor, diciendo para dentro “wao”. Una pequeña sonrisa pícara la sorprende a si misma y los pensamientos comienzan a rondar en la cabeza. Vuelve a mirar donde él se encuentra, curiosamente mirándola, igual intrigado.Quizá. Lo deja pasar.

Termina su cereal y se levanta para lavar los platos. Curiosamente estaba aquel grupo haciendo una ocurrencia en la cocina. Un “platillo especial” -las altas horas de la noche y el ocio permite que se creen todas esas locuras. El hambre ataca cuando no hay más nada que hacer- y al acercarse le dice “Hola, cómo te llamas”. Ella le responde y él le dice su nombre. Por el momento lo ha olvidado y pensó que en otra ocasión volverá a escucharlo. Así que no se preocupó.

Su cordialidad, o ese extraño “no se qué”, hizo que sintiera confianza enseguida. Como si lo conociera de toda una vida, sintió que podían llegar a ser buenos amigos. Aquel momento en que ella no hablaba con casi nadie, y de repente aparece alguien que es como conocerlo de toda una vida.

Un tímido abrazo le ha regalado a ella, simplemente como un acto de amistad a alguien que ni siquiera conoce realmente, pero que ha decidido comenzar a tratar.

Me cuentan que fue muy corto lo hablado en aquel momento, y bastó tan sólo un cruce de miradas… unos segundos que resultaron ser un recuerdo para toda la vida.

Ella lo recuerda como si fuera ayer pero ya han pasado más de 3 años. Y aún al recordar aquella noche donde el hambre nocturna les hizo topar en aquella cocina gigante, aquel momento… que fue “el momento”. Aquel cruce de miradas aun le produce cosquillas. Las mismas cosquillas que sintió aquella vez, hoy día – y todos los días – los sentirá al curzarse en sus recuerdos.

Esta es una historia real…

touch

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